vicios del lenguaje

Vicios del lenguaje: ¡descubre cómo librarte de ellos!

José Fermín
Ya eres un escritor experimentado, sabes organizar tu tiempo de trabajo, puedes escribir para varias personas sobre diversos temas, conoces bien las mañas del texto, la estructura ideal de un artículo de blog, nunca olvidas hacer el CTA y tus introducciones dan envidia.

Sin embargo, aunque esto sea cierto, continúas recibiendo feedbacks negativos y varios cambios en la versión final de tus textos. Si ese es el caso, cuidado: ¡puedes ser un viciado!

Tranquilo, no estamos hablando de utilizar sustancias ilícitas o algo por el estilo. Estamos hablando de los más grandes enemigos de cualquier texto: los vicios del lenguaje.

Muchas veces, no podemos verlos por nuestra cuenta, ya que están metidos en nuestro vocabulario, y los usamos de una manera tan natural que parece correcta. En el artículo de hoy, vamos a mostrarte algunos de los vicios más comunes entre los redactores y te ayudaremos a librarte de ellos.

 

Barbarismos y Solecismos

Históricamente, los bárbaros eran los pueblos que se consideraba que no pertenecían a la civilización griega o romana o hablaban su idioma.

En el español, los bárbaros son las palabras que no pertenecen a la norma culta, pero que son tan comunes que muchas veces no percibimos el error.

¡Que tire la primera piedra el redactor que nunca cometió actos de barbarismo!

Por suerte, los redactores son rescatados por los editores que se dan cuenta de esas palabras en la mayoría de los textos. Aquí te van algunos ejemplos:

  • Aiga (haya).
  • Amateur (aficionado).
  • Cafeces (cafés).
  • Fuistes (fuiste).
  • Tomastes (tomaste).

Los barbarismos, como ejemplificamos arriba, son errores relacionados a la construcción de las palabras. Cuando el error se relaciona con la sintaxis, son llamados solecismos. Estos errores se relacionan con la construcción de las oraciones, no la ortografía de las palabras. Aunque suene extraño, verás que algunos de estos errores te resultarán bastante familiares. Como por ejemplo:

  • A cuenta de (por cuenta de).
  • En base en (con base en).
  • Bajo el pretexto (con el pretexto).
  • De conformidad a (de conformidad con).
  • En relación a (con relación a).


Para deshacerse de estos errores lo mejor que se puede hacer es leer mucho y pensar bien la forma en que estamos construyendo las oraciones. A veces, cambiar el contexto puede ayudarte a ver el error.

 

Redundancia

Para algunas personas, las expresiones redundantes están tan internalizadas que se les hace imposible identificarlas en el texto. Estos son algunos ejemplos:

  • La gran mayoría.
  • Pequeños detalles.
  • Otra alternativa.
  • Panorama general.
  • Rutina diaria.

¿Reconociste alguna de esas expresiones en tus artículos? El truco es estar atento a la hora de revisar el texto, encarar el problema y eliminar la redundancia de una vez de tu vocabulario.



Repeticiones

¿Alguna vez has leído un texto en el que aparece tantas veces la misma palabra que termina distrayéndote? La repetición de términos es bastante común entre los redactores de blogs y puede ser evitada con el uso de sinónimos y pronombres.

Es muy simple: ¿viste alguna palabra repetida muchas veces en el texto? Haz una búsqueda rápida de un término equivalente o de los pronombres adecuados. Algunas herramientas, como los diccionarios online, pueden ayudarte a hacerlo.

Pero ten cuidado: sustituir un término puede cambiar el tono y el significado de la expresión. Además, intercambiar frecuentemente un concepto o una idea con palabras como “este o “esta” hace que el lector se confunda.

La repetición puede presentarse también de maneras menos obvias, como en la construcción de las frases. Puede ser, incluso, que aunque las busque en el texto no consiga identificar ese vicio del lenguaje.

Un ejemplo, sería un escritor que utiliza frecuentemente las expresiones “actualmente”, “hoy en día”, “en los días actuales”. Ese uso exagerado de la misma expresión resulta cansado para el lector y empobrece el texto. Por ejemplo, imagínate leer un texto así:

  • Una cosa es cierta: llegarán tarde.
  • El problema era el siguiente: no había más tiempo.
  • No hay duda: ellos fueron displicentes.

El uso de los dos puntos puede ser un recurso interesante para el texto, pero cuando es usado repetidamente cansará al lector. En estos casos, una lectura atenta en la revisión, si es posible en voz alta, consigue identificar expresiones y construcciones de frase repetitivas.

 

Repetición del “que”

“Que” es una de las palabras más versátiles del español. Puede servir como pronombre, adverbio, conector y sustantivo. Por eso, es tan común exagerar su uso.

En la frase “Ellos nos avisaron que los textos que fueron escritos estaban muy bien, a pesar de que no tenían nombre”, tanto “que” resulta molesto, ¿no?

Una forma de cambiar esta frase sería: “Ellos avisaron que los textos escritos estaban muy bien, a pesar de no tener nombre”. Las soluciones para evitar el “que” son bastante diversas, pero recuerda siempre evaluar cómo el cambio afectará el contexto y el sentido de la frase. Si necesitas más consejos para realizar esas modificaciones, te podemos ofrecer estos:

  • Cámbialo por un signo de puntuación: “Fue anunciado que estaba libre” – “Fue anunciado: estaba libre”.
  • Puedes cambiarlo por el pronombre “cual” o sus variaciones: “Los niños que jugaban fútbol” – “Los niños, los cuáles jugaban futbol”
  • Cámbialo por el gerundio del verbo: “César leía una publicación al mismo tiempo que la criticaba” – “César leía una publicación criticándola”
  • Haz usos simples del participio: “Los trabajos que fueron terminados” – “Los trabajos terminados”
  • Cámbialo por un adjetivo: “Postres que agradaban al paladar” – “Postres agradables al paladar”.
  • Cámbialos por un sustantivo: “Marcelo, que juega en el equipo de la ciudad” – “Marcelo, jugador del equipo de la ciudad”.


Ambigüedad

¿Alguna vez has leído una oración y quedado confundido con su significado? Cuando surge esta duda, usualmente te encuentras ante un vicio del lenguaje muy común: la ambigüedad. El texto tiene dos interpretaciones y no transmite claramente la idea.

Normalmente, la ambigüedad es provocada por el uso de pronombres. Estos son responsables de sustituir un nombre ya mencionado en el texto, para evitar la repetición de palabras. El problema es que si los pronombres son utilizados indiscriminadamente queda poco claro cuál elemento fue sustituido.

Por ejemplo, una frase mal escrita sería: “Clara le pidió a Pedro que moviese el carro de Clara”. Lo correcto es usar: “Clara le pidió a Pedro que moviese su carro”.
¡Oye, pero ahora la frase es ambigua! ¿El carro de quién? ¿De Clara o de Pedro? Sin saber la intención del autor, no es posible resolver esa duda, lo cuál crea el error. Una solución en ese caso sería usar otro pronombre posesivo: “Clara le pidió a Pedro que moviese el carro de ella”.

Otros casos de ambigüedad pueden darse con otros tipos de palabra o problemas en la construcción de las oraciones. Como por ejemplo:

  • “El espejo del carro, que está quebrado” (¿qué está quebrado? ¿el espejo o el carro?)
  • “María y yo estábamos allí, y cuando jugaba videojuegos llegaron los invitados” (¿Quién juega? ¿María o yo?
  • “El hombre miró a la mujer sonriente” (¿quién sonríe? ¿El hombre o la mujer?)

Si no puedes deshacerte de la ambigüedad, siempre es mejor cambiar la oración por otra que esté construida de una manera diferente.

 

Gerundismo

Este es un vicio del lenguaje relacionado el uso inadecuado o exagerado de los gerundios, los cuáles pertenecen a la categoría de verbos que terminan en “ando” o “endo” (rompiendo, teniendo, jugando, bailando, etcétera). Un ejemplo de gerundismo sería: “Estaba subiendo por la ladera cuando, viéndome rodeado de un sin fin de flores, tomé una agachándome y la acerqué a mi rostro, oliéndola con alegría y paz”

Algunos escritores, incluso, prohíben el uso del gerundio en cualquier situación, lo cuál es un error. Este tipo de palabras expresan una acción continua o simultánea a otra y, por lo tanto, son válidos recursos de lenguaje si son usados de manera correcta y consciente.

En el ejemplo mencionado arriba, el uso exagerado de gerundios provoca que muchas acciones den la sensación de suceder simultáneamente cuando en realidad no es así.  La mejor forma de solucionar este error es adaptando la conjugación de los verbos con relación a los distintos momentos de la historia: “Subiendo por la ladera, me vi rodeado de un sin fin de flores. Me agaché, tomé una, la acerqué a mi rostro y la olí con alegría y paz”.


No hay que tenerle miedo ni rechazo a los gerundios, pero es necesario saber cómo aplicarlos correctamente. Algunos ejemplos de su uso correcto son:

  • “Amanda, a esa hora estaré trabajando”;
  • “Ellos fueron discutiendo todo el camino”;
  • “Cuando estés viendo la película, no haré ruido”.

 

“De acuerdo con un estudio”

Este típico vicio es motivo de dolor de cabeza para muchos editores. Insertar datos porcentuales o utilizar frases como “de acuerdo con un estudio” o “una investigación descubrió X”, sin citar la fuente, da la impresión de que estás inventando la información.

La solución para ese vicio es muy simple: ¿mencionaste algún dato de la investigación? Entonces, recuerda dejar la fuente de manera explícita y, si es posible, vincular la referencia en alguna palabra relacionada. Números y estudios pueden ser buenas fuentes en tu texto, siempre y cuando el lector pueda tener la certeza de que son verdaderos.

La lista de vicios del lenguaje es grande y se hará más grande a medida que nuestro idioma evolucione. ¿Reconociste alguno de estos vicios en tus textos? ¡Coméntanos tus impresiones al respecto!

Conoce más de estos vicios e incluso errores comunes en la redacción, con estos artículos a continuación: